Una encuesta reciente pone de manifiesto que británicos temen perder empleo por IA en un 25% o más en los próximos cinco años. Este temor no es infundado: la automatización impulsada por inteligencia artificial está reconfigurando el mercado laboral británico a gran velocidad. Analistas de bancos como Barclays predicen hasta cientos de miles de puestos eliminados para 2026, en un contexto de presiones recesivas. Sin embargo, esta narrativa apocalíptica merece escrutinio: la IA optimiza procesos, pero históricamente, la innovación tecnológica ha generado más empleos de los que destruye.
Contexto de la encuesta y datos clave
La encuesta, realizada entre miles de británicos, revela que más del 25% anticipa la pérdida de su puesto por culpa de la IA. Sectores como logística, retail y servicios administrativos lideran las preocupaciones, con ejemplos como los almacenes de Amazon, donde robots manejan el 75% de las operaciones, reduciendo drásticamente la necesidad de mano de obra humana. Datos del Office for National Statistics (ONS) confirman un aumento del 15% en adopción de IA en empresas británicas desde 2023, correlacionado con recortes de personal en un 8% promedio.
Expertos señalan un ‘punto sin retorno’: habilidades como diagnósticos médicos o programación básica podrían atrofiarse si los profesionales dependen excesivamente de herramientas de IA, similar a lo observado en pilotos con autopilotos avanzados, donde la precisión manual cae un 20% según estudios de la FAA.
Implicaciones económicas y espiral recesiva
Los británicos temen perder empleo por IA porque la tecnología se usa principalmente para recortar costos vía despidos y salarios más bajos, no para innovar productos nuevos. Esto genera un círculo vicioso: menor confianza del consumidor reduce el gasto, eleva el ahorro y amplifica el desempleo, debilitando el multiplicador keynesiano. En el Reino Unido, dependiente de servicios financieros (22% del PIB), la IA podría eliminar 2 millones de empleos para 2030, según PwC, concentrando ganancias en Big Tech mientras la base tributaria se contrae.
Paradójicamente, la escasez de chips para IA –con Nvidia reportando demoras del 20%– podría inflar costos TI hasta un 20%, fusionando inflación con desaceleración. El impacto ambiental agrava el cuadro: centros de datos consumen ya el 2% de la electricidad global, proyectado al 8% para 2030 por IEA.
Perspectiva regulatoria y reacciones
Frente a que los británicos temen perder empleo por IA, surgen llamadas a intervención gubernamental: subsidios para reconversión laboral y gasto en ‘producción sostenible’. Pero como escéptico de la sobrerregulación, cuestiono esta vía. Precedentes como la directiva DSA de la UE muestran cómo normas bienintencionadas frenan innovación, con startups europeas migrando a EE.UU. por menor burocracia. En UK, post-Brexit, regular la IA con mano dura podría exacerbar la vulnerabilidad económica.
Reacciones varían: sindicatos exigen renta básica universal, mientras CEOs como Sundar Pichai defienden que la IA creará 97 millones de jobs globales para 2025 (World Economic Forum). Datos duros respaldan lo segundo: la revolución digital de los 90 destruyó empleos manufactureros pero multiplicó roles en tech y servicios.
Análisis Blixel:
Que los británicos temen perder empleo por IA es comprensible, pero exagerado. La historia desmonta el ludismo: la máquina de vapor eliminó hilanderos, pero impulsó la era industrial creando millones de puestos. Hoy, la IA hará lo propio en programación, diseño y análisis, demandando skills en prompt engineering o ética algorítmica. El verdadero riesgo no es la tecnología, sino la rigidez laboral británica –con despidos caros y sindicatos fuertes– que frena adopción rápida. Ironía: mientras alarmistas piden más Estado, EE.UU., con mercados flexibles, lidera en IA y empleo tech (crecimiento 12% anual). En UK, urge formación práctica, no subsidios. La escasez de chips es temporal; el avance inexorable. Bloquear la IA por miedo sería suicida: agravaría recesión sin mitigar desigualdad, concentrando poder en reguladores ineficientes. Apuesto por innovación desregulada: creará prosperidad, no miseria.


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